Por Paola Poblette.

El acelerado crecimiento de la infraestructura vial promovido en administraciones pasadas, particularmente durante la gestión de Enrique Peña Nieto, ha dejado un complejo desafío urbano y financiero para la capital mexiquense. Aunque en su momento la construcción de puentes, distribuidores y avenidas se presentó como el gran motor de modernidad y conectividad metropolitana, Toluca enfrenta hoy el deterioro progresivo de cientos de kilómetros de pavimento al carecer de un modelo integral y sostenible que garantice los recursos necesarios para su conservación a largo plazo.

Especialistas en desarrollo urbano, movilidad y gestión pública advierten que las políticas de obra centradas casi exclusivamente en el vehículo particular omitieron la creación de fondos recurrentes destinados a la rehabilitación preventiva. En la actualidad, factores como el tráfico pesado, las intensas temporadas de lluvias y la antigüedad de los materiales han detonado la proliferación de baches, hundimientos y fallas estructurales en las principales arterias del Valle de Toluca, rebasando con creces la capacidad presupuestal del municipio para atender el rezago vial.

Ante este panorama, analistas y colectivos ciudadanos han insistido en la necesidad de modificar el modelo de movilidad tradicional, priorizando el mantenimiento profundo de las vialidades ya existentes y el fortalecimiento del transporte público antes de proyectar nuevas obras de gran escala.

Se señala que es urgente coordinar esquemas de financiamiento entre el gobierno estatal y los municipios metropolitanos para evitar que el costo de reparar la red vial continúe absorbiendo recursos indispensables para otros servicios públicos prioritarios.

🏙️: Reuters

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