Por Paola Poblette

Malinalco, México. En el emblemático Pueblo Mágico de Malinalco, la ancestral conmemoración de Día de Muertos moviliza año con año a familias enteras que dedican varios meses de minuciosa preparación a la edificación de majestuosos altares monumentales, una arraigada tradición comunitaria concebida de manera especial para recibir y honrar la memoria de los difuntos fallecidos durante el último año.

A diferencia de las ofrendas convencionales de hogar, estos monumentales altares destacan por su compleja arquitectura de madera y elaborados diseños temáticos que recrean detalladamente pasajes significativos de la vida, oficios, pasiones o actividades cotidianas del ser querido homenajeado. Las impresionantes estructuras son ornamentadas con tupidos mantos de flor de cempasúchil, hileras de ceras encendidas, papel picado artesanal, pan de muerto y platillos típicos regionales como mole y tamales.

Esta festividad colectiva transforma por completo la vida comunitaria del municipio, ya que las familias abren generosamente las puertas de sus hogares a vecinos, compadres y visitantes de distintas latitudes para compartir alimentos, bebidas tradicionales como el atole y oraciones en memoria de los difuntos, convirtiendo el luto privado en un profundo acto de hospitalidad, fe y convivencia social.

Con esta valiosa expresión del patrimonio cultural intangible del Estado de México, los habitantes de Malinalco preservan vivas sus raíces espirituales, transmitiendo de generación en generación el respeto y la devoción hacia sus seres queridos, posicionando a la localidad como un referente tradicional indispensable de la temporada.

🏙️: Paola Zarco Poblette

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