Por Daniel Colindres

Nueva York, Estados Unidos. Hace 25 años, una mañana despejada en Estados Unidos terminó convertida en una de las jornadas más devastadoras del siglo XXI. El 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por integrantes de Al Qaeda: dos impactaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro golpeó el Pentágono y el cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control; murieron 2 mil 977 personas, sin contar a los 19 secuestradores.

Este viernes, familiares de las víctimas, sobrevivientes, rescatistas y autoridades volvieron a reunirse en los tres escenarios de aquella tragedia para conmemorar el 25 aniversario.

En la Zona Cero comenzó la lectura de los nombres de las víctimas, acompañada por momentos de silencio que recuerdan los principales instantes de los ataques; por primera vez, uno de ellos también honra a quienes fallecieron posteriormente por enfermedades relacionadas con la exposición a los residuos tóxicos.

Pero el aniversario no solo obliga a mirar hacia atrás, pues los atentados transformaron la seguridad aeroportuaria, la política exterior estadounidense y la lucha contra el terrorismo, además de desencadenar las guerras de Afganistán e Irak, asimismo, también dejaron una deuda humana que continúa creciendo entre los primeros respondedores afectados por enfermedades vinculadas al 11-S.

Veinticinco años después, la tragedia ya pertenece a la historia, pero sus consecuencias todavía no.

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