Por Paola Poblette
La sorpresiva muerte de Solovino, un perro comunitario conocido popularmente como el «despachador» de una estación de servicio en Toluca, ha provocado una profunda consternación e indignación entre la ciudadanía, clientes habituales y usuarios de redes sociales. Durante varios años, el canino se consolidó como un entrañable referente de lealtad y ternura dentro del establecimiento, lugar donde los propios despachadores y empleados le brindaron refugio seguro, alimentación continua, revisiones veterinarias periódicas e incluso un uniforme con gafete personalizado que lo catapultó a la fama digital en diversas plataformas.
La controversia estalló tras confirmarse el lamentable deceso del animal, presuntamente originado por un grave acto de negligencia que desató el rechazo unánime de activistas y defensores de los derechos de los seres sintientes en la demarcación mexiquense. Diversos conductores y vecinos acudieron a las plataformas digitales para expresar sus condolencias, difundiendo fotografías y anécdotas donde destacaban el carácter dócil del lomito, quien acostumbraba a acercarse pacíficamente a los automóviles para recibir caricias y acompañar las jornadas laborales de quienes cuidaban de él día con día.
A raíz de este acontecimiento, colectivos de protección animal y ciudadanos organizados hicieron un enérgico llamado a las autoridades locales para implementar medidas rigurosas de vigilancia y protocolos de tenencia responsable orientados a salvaguardar la integridad de los animales comunitarios y en condición de calle. La comunidad reiteró la necesidad de evitar la impunidad y fomentar una cultura de respeto integral hacia los animales en zonas urbanas y comerciales de la entidad.
